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60 veces 17 - El 17 de octubre hasta 2005. - por Gabriel D. Lerman


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/ El 17 de octubre hasta 2005.

por Gabriel D. Lerman


“El 17 de octubre de 1945 fue la revolución de los descamisados, de los que tenían hambre y sed de justicia, de los desheredados de la fortuna, de los que en el surco, en la fábrica, en el escritorio, en la tienda, en los puertos, en los buques, en los trenes, en las minas y en todas las partes donde la grandeza de la Nación se elabora a puro sufrimiento y puro sacrificio.”
Debate en el Congreso Nacional,

3 de julio de 1946. 

60 veces 17 

Había una vez, el subsuelo de la patria sublevado, dijo Scalabrini Ortiz. Como marcianos desembarcando en nuestro planeta, dijo Félix Luna. Un pujar palpitante crujía la entraña de la ciudad, dijo también Scalabrini. Hoy vi pasar a mis hermanos, dijo Crisólogo Larralde. Yo hice el 17, dijo Cipriano Reyes. 17 una sola vez, 60 veces 17. La huelga de la CGT fue el 18, y se pedía por las “conquistas sociales”. El “adelantamiento” de las masas fue un efecto de la coordinación de los comités de huelga. Brotaban de los pantanos: la calle vomitó a los marcianos, que atronaron el apellido del milico. Era el día de los negros. La erupción se convirtió en partido, en elecciones, en régimen; en una película que Leonardo Favio editó 50 años después. Evita estaba pero no tanto. Cuando se cumplía el primer aniversario lo declararon feriado nacional al nivel del 25 de mayo de 1810. Hubo misas en la Plaza, en Santo Domingo, ofrendas florales para San Martín, un desfile de colectivos y colectiveros. Pero hubo varios 17 ya en 1946: los “laboristas” de Cipriano se habían apartado, tenían bloque propio en el Congreso. Mientras que para ellos era el Día del Pueblo, para el gobierno era el Día de la Lealtad, dijo Plotkin. También la Alianza Libertadora Nacionalista celebra su 17 frente al edificio del diario Crítica, en homenaje a un militante de ultraderecha asesinado allí un año atrás. El gobierno dicta ordenanzas, bautiza una escuela como “17 de octubre”, ordena a los maestros instruir sobre el sentido de la fecha. Teatro Colón; bailes populares que simbolizan la “toma” de la ciudad por los “descamisados”. Los sindicatos festejan “su” 17 y hasta solicitan protección oficial de los “infiltrados peronistas” que quieren sumarse al festejo de la gesta trabajadora. El milico ya presidente troca la protesta en festejo. Igual que un año atrás decreta feriado para el 18: nace oficialmente San Perón, que trabaje el patrón. En 1947, el 17 se convierte en celebración oficial. Voto femenino. Surgen los retratos de Evita. Todavía se recata el “espontaneísmo” de aquella jornada. Saludo solemne de autoridades civiles y militares. En 1948 participan las delegaciones extranjeras. Protocolo. Institucionalización. “Medallas peronistas”. Ya no se “reclama” sino que se “agradece”. 1949, estreno de la marcha “Los muchachos peronistas”. La canta Hugo del Carril, recién llegado de Chile. Nueva Constitución. Clausura de 150 periódicos en todo el país. Sube Apold. Caen Ivanissevich y Mercante. 1950, año del Libertador. La CGT cambia su estatuto y se convierte en “rama” del partido oficial. “Todavía hay brutos que no nos entienden”. Apóstoles, predicamentos, doctrina, 20 verdades, misa laica. Dios es peronista. 1951 dedicado a Evita tras el renunciamiento. 1952-1954, el Estado celebra. Libertadora, 17 sin líder ni símbolos: multas que van de los 12 a los 25.000 dólares por mencionarlos o utilizarlos. Framini y Natalini, provisoriamente a cargo de la CGT, dicen que es un día laborable y “aconsejan” concurrir al trabajo. 1956-1957, nada. 1958, Frondizi desautoriza los actos. En Córdoba, lo conmemoran 40 mil personas. 1959, se impide el acto. En Rosario, 15 mil personas escuchan a Eleuterio Cardoso, de las “62”. 1960, prohibido por estado de sitio. 1961-1962, nada. 1963, Illia autoriza el acto de Plaza Once donde una multitud escucha una grabación de Perón. 1964, Plaza Once, 40 mil personas. Hablan Vandor, Framini y Lascano. 1965, prohibición de actos: la policía dispersa manifestantes reunidos en Parque Patricios. 1966-1968, estado de sitio. 1969: se rumorea que Perón vuelve, el gobierno manda a revisar los aviones que arriban. No hay acto. 1970 tampoco, aunque en Córdoba, 10 mil manifestantes escuchan a Rucci: “No habrá pacificación en la Argentina hasta el retorno de Perón”. Simpatizantes de Montoneros lo silban. 1971, acto en la sede del partido. La juventud canta: “fusiles y machetes, por otro 17”. 1972 sin acto. Cámpora lee un mensaje de Perón por TV: “He resuelto regresar. Lo haré cuando el Comando Táctico del Movimiento me lo indique oportuno”. 1973, Perón gobierna. Por decreto se restablece el “Día de la Lealtad”. Competencia ciclística “Gran Premio 17 de octubre”. Una solicitada de la UOM califica de “marxistas” a Firmenich y Quieto. 1974, en Plaza de Mayo y con Isabel. La multitud corea: “ni yanquis ni marxistas, peronistas”. 1975, Isabel dice en la Plaza: “Expreso solidaridad del Movimiento Nacional Justicialista con las Fuerzas Armadas en esta lucha decidida contra la delincuencia subversiva”. 1976-1977, nada. El terror omnímodo. 1978, ofrenda floral a Perón en Chacarita. 1979, cena en el sindicato de cerveceros con Bittel, Luder, Saadi, Vaca y Bárbaro. 1980, prohíben homenaje a Perón en Chacarita y almuerzo. Los “25” publican una solicitada con el título: “Perón vive en el alma de su pueblo”. 1981, prohibido. 1982: 30 mil personas llenan el estadio de Atlanta. Hablan Bittel, Ubaldini y Lorenzo Miguel. 1983, campaña electoral. Estadio de Velez. Silbidos para Lorenzo. Bittel dice: “Entre la liberación y la dependencia, elegimos la dependencia”. 1984, tres actos: Atlanta, Platense y Plaza Once. En 1985, Mendoza y Plaza Once. El intendente de Lomas de Zamora, Eduardo Duhalde, dice que el Frente Renovador es como “una mancha de aceite que se extiende por todo el país”. 1986, Ubaldini en Neuquén. 1987, Ubaldini en Azopardo 802. 1988, River Plate, 75 mil personas, el turco. 1989, Ubaldini almuerza con Zulema en Olivos. 1990, Saúl, Lorenzo y 30 mil personas en Paseo Colón e Independencia. En Morón, Brown, Pedraza y Lingieri. 1991, Nueva Chicago, Lorenzo, 3 mil. 1992, Beliz organiza el “eticazo” en Av. del Trabajo y Varela. El turco pasea en República Dominicana. 1993, ofrenda floral en Chacarita. La CGT, la UOM y las 62 sacan solicitadas. 1994, el turco de gira europea. En la quinta de San Vicente, el Lole, Palito, Duhalde y Antonio Cassia. 1995, 50 veces 17. El innombrable en Bariloche, misa en la Catedral, Bauzá en la CGT, solicitadas, grabación de Perón en la Plaza. Pilo Bordón, candidato del Frepaso, encabeza un acto en Casa Suiza. 1996, 1997; solicitadas, misas, ofrendas florales, quinta de San Vicente. 1998, multitud en la Plaza, lanzamiento de la candidatura de Duhalde. Ruckauf sonríe desde un balcón de la Rosada. El señor de viaje. 1999, 2000. Más solicitadas. 2001. En el 2002, no se festeja. Los ánimos no están para un festejo político tan sesgado. En el 2003, cuando nada nuevo parecía tener para aportar, de las entrañas del peronismo surge Kirchner.


La celebración 


“No sabemos por qué ni con qué sentido se ha querido festejar este 17 de Octubre con acento oficialista. Nosotros no lo cimentamos en ningún tutelaje político”

Cipriano Reyes, 17 de octubre de 1946

Hurgar en la maleza, en las enredaderas plantadas y crecidas alrededor del acontecimiento parece tarea difícil. ¿Si alguien estuvo tal día y lo cuenta, es verdad lo que dice? ¿Si alguien estuvo tal día y escribió treinta años después su testimonio, o fue entrevistado y lo cuenta, su versión nos acerca al suceso tal cual fue? ¿Es posible dar fe del acto original, primigenio? Descartada la idea de una fidelidad fanática, el investigador se arroja a conciencia por el desfiladero de la interpretación, de la apertura de líneas, caminos, por la recuperación del sentido que el suceso tuvo, y volvería a tener, para los distintos actores en juego y no sólo para uno. Es decir, no aplanar ni comprimir una serie de acciones en un relato lineal. Porque las historias que aquí se evocan despiertan ya no polémicas en un sentido abstracto, intemporal, sino que despertaron conflictos y provocaron cambios mediatos y duraderos en su tiempo, mientras removían cosmovisiones individuales y colectivas desde el momento mismo en que acontecían, y porque al acontecer producían esas mutaciones. En pocas palabras, no es que hoy resulte polémico pensar el 17 de octubre de 1945, y cada 17 de octubre posterior: mientras sucedía lo fue. Y las divisiones, la indiferencia o la pasión encendida tienen que ver con el carácter desestabilizador, de cantera política, del acontecimiento. Incluso la forma en que cada actor político y social se manifestó, la primera vez y cada vez sucesiva, expresa la diversidad del conflicto desde el minuto cero.

La crónica dice que algo grave pasó. Lo singular de este corte devenido huella de la política argentina es la dimensión celebratoria que tomó a partir del año siguiente, cuando el Congreso de la Nación lo declaró Día de la Lealtad. Primero porque se la instaló con el rango de fecha patria, a la par del 25 de mayo, y porque, simultáneamente, adquiría un valor como fecha obrerista, a la altura del internacional 1° de mayo. Dos libros fundamentales aportan análisis sobre las celebraciones del 17 de octubre, y son Política y cultura popular: la Argentina peronista 1946-1955, de Alberto Ciria, y Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955), de Mariano Plotkin. Emprendidos sobre un filón del peronismo claramente productivo, ecléctico, aspecto resonante del período, ambos trabajos ensancharon una senda en el debate sobre la construcción y los usos del folklore peronista. En el mismo camino, también aparecieron monografías sobre la singularidad del mundo escolar, e investigaciones como las de Mirta Zaida Lobato sobre el rol de la mujer y la iconografía desplegada.

Durante mucho tiempo, se asoció iconografía peronista casi exclusivamente a la multiplicación de retratos y nominaciones de espacios públicos, que alcanzaron hospitales, escuelas, y hasta dos provincias con el nombre de Juan Domingo Perón (La Pampa) y Eva Perón (Chaco), a la vestimenta y estética de Evita, a la propaganda oficial del gobierno que fundía peronismo y nacionalidad en escudos, carteles y leyendas. Estribillos emblemáticos del humor y el estilete popular, vocinglería plebeya para otros, la idea de gritar ¡Viva Perón! a modo de desahogo, de grita de guerra, fue tal la impregnación de sentido sobre la política, la politización extrema de los actos públicos (lo exagerado, lo propio del melodrama, la religiosidad popular o el desborde fascista y exaltado, según se lo examine), que rápidamente surgió, de las entrañas de la Argentina, primero el bombardeo y masacre de Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 –que tuvo como objetivo atentar contra Perón pero sobre todo la destrucción de su escenario político primordial-, y luego la sanción de un decreto-ley como el 4161, del 9 de marzo de 1956, donde un texto simple prescribía: “Visto el decreto 3855/55 por el cual se disuelve el Partido Peronista en sus dos ramas en virtud de su desempeño y su vocación liberticida, y considerando que en su existencia política (…) se valió de una intensa propaganda destinada a engañar la conciencia ciudadana para lo cual creó imágenes, símbolos, signos y expresiones significativas doctrinan artículos y obras artísticas, se considerará especialmente violatoria esta disposición, la utilización de (…) las composiciones musicales ‘Marcha de los Muchachos Peronistas’ y  ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos (…) El que infrinja el presente decreto-ley será penado: a) con prisión de treinta días a seis años y multa de m$n 500 a m$n 1.000.000”. Es decir, entre 11,69 y 23.337 dólares de la época.

La historia y el sentido del 17 de Octubre fueron reinventados en el tiempo. "Lugar de la memoria" del movimiento peronista; componente ritual, ideológico y político central de su incidencia en las luchas y conflictos. La primera década de construcción "oficial" de la fecha, entre 1946 y 1955, analiza Plotkin, puede dividirse en tres partes. Una inicial que marca la lucha por el monopolio del espacio simbólico, que llega hasta 1948. ¿Quién había sido el real protagonista y destinatario de la recordación? ¿El movimiento obrero? ¿El nuevo movimiento político? ¿El presidente Perón? En la segunda parte, que se extiende desde 1948 hasta 1950, se produce la institucionalización del aparato simbólico del gobierno peronista. El acto del "Año del Libertador General San Martín" se convierte en una enorme demostración de poder. A partir de entonces, se abre una etapa, la tercera y última, de cristalización de los rituales peronistas que culmina con la caída de Perón en 1955 (Ciria, 1983; Plotkin, 1993).


1947

Un año más tarde empieza a perfilarse el protagonismo de Evita. Muchos manifestantes llevan pancartas con su retrato. Mientras tanto, los diarios enfatizan que el 17 se hizo "sin conductores ni directivas". Ante el pedido de la multitud, Perón se quita el saco para simbolizar su condición de "descamisado". Clarín, del 18 de octubre, reseña:

“Ayer quedo constituida la entidad Acción de Mujeres Argentinas Peronistas en un acto en el cual fueron elegidas también las autoridades del nuevo organismo [...] En conmemoración del 17 de octubre y con motivo de labrarse el acta de fundación de la entidad, la Acción de Mujeres Argentinas Peronistas ‘Maria Eva Duarte de Perón’, se realizo ayer a las 11 un acto”

Por su parte, La prensa del 18 de octubre, señala:

“[...] cada una de esas columnas llevaba [...] inscripciones de las organizaciones representadas con las fotografías del presidente de la Nación y su esposa [...] El público coreaba con insistencia los nombres del general Perón y su señora y una banda de música amenizaba la espera ejecutando piezas populares [...] un camión provisto de altavoces, por medio de los cuales se pedía al pueblo que permitiera el avance de la manifestación hasta frente a la Casa Rosada pues ‘se quería hacer saber al general Perón que Hernández era un traidor’ [...] El general Perón y su señora respondieron agitando sus brazos [...] ‘compañeros descamisados’, y, en esos momentos, el publico comenzó a decir ‘el saco, el saco...’ e inmediatamente el primer magistrado se despojo de esa prenda”

La Razón, del 18 de octubre 1947, expresa:

“Terminado el oficio religioso el mismo sacerdote [...] obsequio al general Perón con una escultura de mármol y bronce representando según dijo, al Primer Descamisado [...]”

Y La Época, del 18 de octubre de 1947:

“[...] más de un millón de almas aclamaron el nombre del líder y de su esposa [...] La prensa de la oligarquía insiste maliciosamente en informar que el feriado de hoy no debe pagarse [...]. Nosotros afirmamos que corresponde que los obreros cobre este jornal [...] Mientras uno de los oradores de ayer, en la Plaza de Mayo se refería al peligro que acechaba a Perón [...] ese millón de almas [...] (coreo) con convencida y sentida decisión: ‘¡La vida por Perón!, ¡La vida por Perón!’”


1948

Durante los festejos de 1948 José Artaza, Ministro de Relaciones Exteriores de España, ocupa el balcón de la Casa Rosada al lado de Perón, a fin de enfatizar los vínculos de amistad entre ambos países. “Frente al edificio en construcción para el Banco Hipotecario Nacional –dice La Prensa [...] se situaron delegaciones de la Corporación de Transporte con una banda de música formada por guardas de Tranvías y colectivos y en lugar visible de esa obra se coloco un cartel que decía: ‘lo mas grande que hizo Dios en nuestra tierra bendita: Perón y Evita’ [...] Cerca de las 18 se reunieron en el salón contiguo (al balcón) el primer magistrado, su esposa [...] el ministro de asuntos extranjeros de España, señor Alberto Martín Artajo, miembros de su comitiva y el embajador español, señor José Maria de Areilza”. 

En su discurso, Perón señala: “Hago esta pregunta porque mi autoridad emana del pueblo y yo solamente al pueblo he de rendirle cuentas [...] ¿Y que me dicen ustedes de los dirigentes socialistas? Se llamaban a si mismos obreristas, y hoy, cuando se les presenta la oportunidad de reformar la Constitución para darle al pueblo y al trabajador lo que en justicia le corresponde ellos se abstienen, no quieren intervenir. [...] Compañeros: como se encuentran en Buenos Aires una cantidad de descamisados que han viajado [...] desde largas distancias [...], mañana’... El publico corto la frase del orador y dijo reiteradamente ‘¡Mañana es San Perón!’. Tras esas repeticiones el general Perón dijo: si; mañana es San Perón”.

Entre 1948 y 1950 se desarrollan nuevos patrones de celebración del ritual político peronista. La figura de Perón pasa a tener un lugar absolutamente central en la simbología de la festividad, y la imagen de Evita también se enaltece. Durante estos años el gobierno “domesticó” el 17 de Octubre, suprimiendo toda evidencia de espontaneidad, particularmente los actos de violencia contra los periódicos opositores. Es que el 17 de Octubre se estaba convirtiendo definitivamente en un “ritual de refuerzo” . No solo se perdió el carácter conmemorativo de la celebración sino que el objetivo de esta pasó a ser el de dar al pueblo peronista la oportunidad de “reafirmar su devoción por el líder y recrear los fundamentos del régimen: el liderazgo carismático de Perón, fundado en su contacto sin intermediarios con el pueblo” . A partir de ese momento se pusieron en juego otros patrones simbólicos. La misa de campaña en Plaza de Mayo se realizó por última vez en 1948. El acto se inició formalmente con el izamiento de la bandera nacional, mientras que los dirigentes gremiales rendían guardias de honor. A diferencia de años anteriores, en 1948 ningún representante del presidente se haría presente en las misas auspiciadas por diversas organizaciones católicas peronistas. Esto marcó el fin de un proceso. Ya en 1949 el discurso de Perón se recrudece. A mediados de año la Comisión Vasca-Decker había clausurado periódicos. Se comentaba que eran 150 en todo el país. Esta nueva tendencia del régimen se hizo evidente en el manejo de los símbolos y en la forma de celebración de los rituales políticos. Se observa una tendencia hacia la trivialización, como lo explica el historiador Mariano Plotkin: “La elección de las “reinas del trabajo”, que durante los años 1948-1950 se suponía que habían simbolizado las virtudes de la juventud de la “Nueva Argentina” y en la que había participado un jurado compuesto de distinguidas personalidades incluyendo al cardenal Copello, luego de 1950 se convierten en un mero concurso de belleza”


1949

En 1949, en Plaza de Mayo se conoce, en la versión de Hugo del Carril, la marcha "Los Muchachos Peronistas". La canción que, según distintas versiones se inspira en músicas de una comparsa carnavalesca; de un club de fútbol de Barracas o de una marcha gremial  conocida como “Los Gráficos Peronistas” tiene versos del entonces Secretario de Educación, Oscar Ivanissevich. Los había redactado un año antes en Tucumán en homenaje a Perón a raíz de un supuesto atentado contra Perón y Eva adjudicado a Cipriano Reyes. Además de Hugo del Carril, en el festejo de ese año tiene participación entre otros cantantes como Charlo, Alberto Gomez, Azucena Maizani y Juanita Larraudi- El Ballet del Teatro Colon interpreta el Sombrero de 3 Picos de Manuel de Falla y el Bolero de Ravel. En uno de sus rituales diálogos con la multitud Perón, anuncia que "solo rendiré cuentas al pueblo".


1950

1950 fue considerado el "Año del Libertador General San Martín". Ese año la CGT modificó sus estatutos convirtiéndose lisa y llanamente en una rama del Partido Peronista. El culto a Perón y Evita continuó intacto. En su discurso Perón sostuvo que si había opositores era porque “Todavía hay brutos que no nos entienden”. “Después de un toque de atención –dice La Prensa- el señor Espejo procedió a izar la bandera en el mástil, y seguidamente, los asistentes cantaron el Himno Nacional y la marcha ‘Los Muchachos Peronistas’, dándose así fin al acto”.

“Uno de los instantes más emotivos –dice La Razón- del acto central de la conmemoración del 5º aniversario del 17 de Octubre, lo constituyó la entrega de la Distinción del Reconocimiento por parte del secretario de la C.G.T. a la señora de Perón, en nombre de los cuatro millones y medio de trabajadores confederados en la central obrera. El público rubricó el gesto, que emocionó profundamente a la señora de Perón, con una prolongada ovación. El Gran Collar del Reconocimiento, constituye una hermosa joya adornada con brillantes y esmeraldas. Una leyenda expresa su origen y finalidad: ‘La C.G.T. a Eva Perón’. Acompaña al collar una banda con los colores de la bandera, la que lleva en el centro, grabado en oro, el escudo peronista. Este representa la bandera peronista y , pendiente de ella, una replica del motivo central en oro del Gran Collar, con una leyenda: ‘Doctrina justicialista, esperanza de los trabajadores del mundo’, de un lado mientras que del otro lo adornan dos símbolos: la llama justicialista y una rueda símbolo del trabajo , con un sol central.”

  Y, por último, se informa: “En un acto que alcanzó lucidas proporciones, esta mañana se inauguró el nuevo local de la Confederación General del Trabajo –en Independencia y Azopardo”.


1951

En 1951 la conmemoración estuvo enmarcada en dos hechos gravitantes: Eva Perón enferma renunció públicamente a su nominación como vicepresidente (agosto) y se registró el alzamiento del general Menéndez (septiembre). La conmemoración se hizo esta vez en Plaza San Martín e incluyó un desfile militar. Perón condecoró a militares al igual que lo hicieron representantes de la CGT ataviados con ropas de trabajo. Eva Perón recibe medallas especiales de su marido y del Secretario General de la CGT, en reconocimiento por su renuncia. Ese día el "leit motiv" San Perón se remplazó por el de "Santa Evita". 

“Al finalizar el discurso –dice La Razón-, el secretario general de la Central Obrera [...] hizo entrega a la señora Eva Perón [...] de la Distinción al Reconocimiento de primera categoría, que afortunadamente le recordara la C.G.T. siendo leídos  previamente los considerandos de la resolución. Fue ese el momento elegido por los concurrentes que estallaron en una ovación que se prolongó por espacio de varios minutos y que la esposa del jefe de estado, visiblemente conmovida, agradeció con gestos expresivo.”

“El magno acto de la Plaza de Mayo fue difundido por televisión siendo esta la primera vez que se efectuaba destinada al público, superada ya  la etapa experimental. Los aparatos instalados en casa de Comercio de la Avenida Saenz Peña y la calles Balcarce y Florida incitaron la curiosidad de miles de personas que no pudieron llegar hasta la Plaza de Mayo cuya capacidad fue colmada desde mucho antes de iniciarse el acto. La perfección de las imágenes permitió, por otra parte, seguirlo sin dificultad.”


1952

La esposa del presidente muere el 26 de julio de 1952. Una llama del justicialismo llevada por la CGT desde el Ministerio de Trabajo hasta una lámpara votiva en su sede y el descubrimiento de una placa en la Casa Rosada fue parte de la conmemoración del 17 de octubre de 1952. En la Plaza de Mayo las fracciones en pugna de la CGT, dirimen la lucha sindical con una "silbatina", es la que recibe al entonces titular de la CGT, José Espejo. La demostración fue organizada por la "nueva guardia" apoyada en el acto por grupos de choque de la entonces Alianza Libertadora Nacionalista. 

“Frente al edificio de la central obrera –dice La Prensa- se encontraban unidos desde hora temprana los secretarios generales de los sindicatos, confederados, dirigente gremiales y una numerosa concurrencia integrada por trabajadores. A las 7.30 se hizo presente el titular de la Confederación General del Trabajo, señor José Espejo, inmediatamente el señor Espejo procedió a izar la bandera Nacional, en el mástil ubicado en la esquina de la calle Azopardo e Independencia junto a un gran retrato de la Jefa espiritual de la Nación. (…) Inmediatamente el secretario general de la C.G.T., en compañía de las autoridades nombradas, se trasladó hasta el frente de la casa de gobierno, donde descubrió el velo que cubría una placa recordatoria en memoria de Eva Perón con la siguiente leyenda: ‘Confederación General del Trabajo. Evita, madre nuestra que ves desde el cielo, mientras vas en camino a la gloria te acompaña en su rezo la plegaria del hombre en el yunque, del padre y del niño, y el laurel de tu gloria rebelde será el llanto del pueblo- 1945 17 de octubre de 1952.’ Seguidamente se guardó un minuto de silencio en memoria de la Jefa espiritual de la Nación, Eva Perón, y luego se entonó la marcha Los Muchachos Peronistas.”


1953

En 1953, la CGT conducida por Eduardo Vuletich le otorga a  Perón la misma distinción que le fuera entregada a su extinta esposa: “la medalla de reconocimiento de los trabajadores”. “Con una gran fiesta popular –dice La Epoca- amenizada por primeras figuras del ambiente artístico se realizaron ayer los actos organizados para evocar la gesta peroniste del 17 de octubre. La misma tuvo efecto frente al Ministerio de Obras Publicas de la Nación, en el amplio escenario habilitado entre la avenida 9 de Julio y la calle Moreno, decorado con motivos alusivos a al fecha y ornamentado con banderas nacionales y escudos y símbolos partidarios.”

“Esta vez –dice La Nación- el acto estuvo revestido de acontecimientos singulares en proyecciones americanistas, no solo por la presencia en el estrado oficial del primer mandatario de la hermana república de Nicaragua, General Somoza, sino también por las referencias del General Perón a los distintos acontecimientos internacionales que se refieren a los paises del continente, a la unión con el paraguay y la firma de una declaración argentino-nicaragüense que anuncian horas mejores para los pueblos americanos.”

1954

Un año más tarde, en un contexto de descontento y enfrentamientos del gobierno con la jerarquía eclesiástica, sectores castrenses y la oposición, el acto del 17 de Octubre tiene un carácter formal y de dureza presagiando la tormenta. El acto se convierte en una ceremonia altamente ritualizada que sigue programas minuciosamente preparados.

“Los actos conmemorativos de la fecha –dice La Epoca - programados por la C.G.T. se iniciaron en horas de la mañana con un significativo homenaje que las fuerzas del trabajo rindieron a la señora Eva Perón ante el busto que perpetua su recuerdo en el edificio de la central obrera”


1955

Finalmente en 1955, para resguardar las elecciones de normalización en los gremios pactadas el 6 de octubre entre el gobierno y la CGT -luego no se concretaron- los dirigentes Andrés Framini (textiles) y Luis Natalini (Luz y Fuerza), a cargo de la conducción de la central obrera, dan a conocer un comunicado en el que expresan que el 17 de Octubre es día laborable, según lo dispuesto por las autoridades de la Revolución Libertadora, aconsejando por lo tanto a los trabajadores a concurrir normalmente a sus tareas y evitar cualquier tipo de provocación. Un informe del Ministerio de Trabajo a última hora del 17 expresa que las fabricas y los comercios “desarrollaron sus actividades sin ausentismos en un clima de absoluta libertad y democracia”.

Hacia el final de cada acto, durante nueve años, cada noche del "Día de la Lealtad" los manifestantes repetían el estribillo nacido en el 45: "¡Mañana es San Perón, que trabaje el patrón!".


Nosotros hicimos la resistencia

“La Revolución Libertadora fue reconocida por 150 países. Pero en Villa Martita no”

Pintada de la resistencia peronista en 1955

“Fusiles y machetes, por otro 17”

Estribillo de la resistencia


Vendrán los años de la resistencia, en los que la fecha madre del peronismo cambia radicalmente. En principio, de ser una fecha “oficial” pasa a ser “clandestina”. Recupera ciertos elementos originarios: la movilización popular y proletaria contra el régimen oligárquico y el contubernio partido crítico, pero ahora los dirige contra la proscripción, por el retorno del líder exiliado y frente a las políticas económicas y sociales de los sucesivos gobiernos militares y civiles. En 1956 y 1957 no se realizan actos de ningún tipo conmemorando el 17 de Octubre. Sin embargo, a sólo un año de la caída de Perón, son numerosos los grupos trotkistas que entran en clivaje con la fibra “obrera” del peronismo proscripto e impulsan luchas en común con los “nuevos” dirigentes del sindicalismo peronista caído en desgracia, quienes batallarán en esos años por la recuperación de las organizaciones intervenidas y despojadas, y por la normalización de la CGT. Son grupos que, incluso, alcanzarán a formar las 62 Organizaciones a partir del fallido pero clave congreso de 1957.

Un grupo denominado “Socialismo Revolucionario”, de origen trotkista, manifiesta en 1956: “En este 17 de octubre: repudiemos al gobierno, pero evitando las aventuras” . El volante señala en primer término lo acontecido el año anterior, tras el golpe de la Revolución Libertadora (Torre y Senén González, 1969). La conducción interina de la CGT, a cargo de Framini y Natalini, había llamado a no parar, en nombre de la prudencia y la no provocación, ante el primer 17 de octubre sin Perón. Los militantes del socialismo revolucionario, en cambio, declara que fueron: “los únicos que nos jugamos el anterior 17 de octubre llamando a la huelga general pacífica, cuando el Partido Peronista, la dirección del Partido Socialista Revolución Nacional y de la CGT llamaban a trabajar, no podíamos dejar pasar esta fecha sin dar nuestra posición. “Este 17 de octubre es el más terrible por el que haya pasado la clase obrera en los últimos años: copados sus sindicatos, que les son devueltos en elecciones fraudulentas para imponer a los sindicalistas libres, aplicando el gobierno el plan Prebisch para mandar a la miseria a los trabajadores; entregado el país al imperialismo yanqui; la clase obrera quiere expresar su repudio a este estado de cosas”.

En 1958, el presidente Arturo Frondizi desautoriza los actos. En el conurbano bonaerense se registran incidentes entre policías y manifestantes, pero en Córdoba, más de 40.000 personas asisten a la celebración. Al año siguiente el gobierno toma medidas para impedir los actos en casi todo el país. Las medidas son “eficaces” en todo el territorio, con la excepción de Rosario, donde casi 15.000 personas concurren al acto. Para 1960 florecen algunas pequeñas manifestaciones en Capital Federal y Gran Buenos Aires, pero los actos se prohíben en razón del estado de sitio. En 1961, no se realizan conmemoraciones y para el año siguiente los actos corren la misma suerte que durante 1958 y 1959. Recién en 1963, durante el gobierno de Arturo Illia, se permite el primer acto público del 17 de Octubre en Plaza Once, donde una multitud se reúne para escuchar la palabra grabada (en cinta) de Perón, quien reside en Madrid. Se anuncia una marcha hacia el Congreso que no puede ser concluida por enfrentamientos con la policía.

En 1964, en cambio, la oposición política del sindicalismo ha recuperado vigor, y el peronismo avanza desde las sombras de la resistencia en un frente temible que tiene a la CGT como eje. Se reúnen en esa fecha en el mismo sitio más de 40.000 personas y hablan Augusto Timoteo Vandor (metalúrgicos), Andrés Framini (textiles) y Carlos Lascano, secretario general del Partido Justicialista. La mayor parte del acto se realiza sin incidentes, lo cual es reivindicado por el gobierno. La coyuntura marca que la celebración de este 17 de octubre tiene como telón de fondo el operativo retorno de Perón, planeado por los sindicatos ortodoxos para fin de año, y el Plan de Lucha de la CGT como ariete. Sin embargo, los grupos que empiezan a confluir desde el sindicalismo y la política en la izquierda peronista o, más precisamente, desde el peronismo revolucionario, lanzan sus matices respecto de Perón, por un lado, y la CGT ó “burocracia sindical”, por otro. Parte del dispositivo simbólico del nacionalismo revolucionario, obrerista y socialista está listo, y podrá conocerse a través de los primeros periódicos que expresan como prefiguración los perfiles de un vasto desarrollo ideológico y político posterior. El 27 de octubre, Palabra Obrera –periódico del POR (Peronismo Obrero Revolucionario)-, reseña el acto organizado por la “burocracia” al que, si bien asisten cerca de 50.000 personas, el gobierno radical celebra como propio, en tanto y en cuanto, mediante estrategias de saturación policial y amenazas veladas –en la calle son “puestos” 5.000 efectivos policiales- ha “logrado” disminuir los desbordes. El POR, en cambio, llama a esto “terrorismo democrático”, y a la conformidad de la CGT un “fracaso” en su estrategia opositora. “Pero lo que es más grave, por su calidad, el público no representaba a los sectores más combativos del Movimiento y la clase obrera; en líneas generales no estaban allí concentrados los nuevos organizadores de las fábricas, ni delegaciones masivas de los establecimientos (…) De ahí que el acto demostrara ser un nuevo fracaso de esta dirección que, a fuerza de no querer movilizar las bases fabriles del Movimiento, ahora ya es incapaz de lograrlo aunque se lo proponga”. Más adelante, el texto define: “Y se trata de un crimen antinacional y antiobrero, porque la falsa campaña por la ‘vuelta de Perón’, está exclusivamente destinada a provocar un golpe de estado militar al servicio de la integración y los monopolios, o en caso de fracasar, como parece, la perspectiva de dicho golpe, tender a la formación de un frente electoral donde la masa, votando por ‘la vuelta de Perón’, en realidad apoye a los candidatos del frondi-frigerismo y del régimen de la entrega del país”. 

1965 marca un retroceso en los festejos peronistas. Una resolución oficial prohíbe realizar actos en conmemoración del “Día de la lealtad”. La policía disuelve columnas de manifestantes reunidos en Parque Patricios. Corre el rumor sobre la presencia de María Estela Martínez de Perón en el país. El significado reivindicativo que adquiere la celebración durante los años del régimen militar instalado en 1966, contiene al mismo tiempo el reclamo por la vuelta de Perón, las luchas dentro del sindicalismo y el surgimiento de las organizaciones radicalizadas que corean estribillos como “Fusiles y machetes, por otro 17". En 1966, con Juan Carlos Onganía la prohibición de reuniones en la vía pública es la excusa perfecta para impedir las concentraciones. Plaza Once, el escenario de varias de las conmemoraciones en años anteriores, es fuertemente vigilado, y los años posteriores están marcados por una fuerte coacción de los actos públicos.


Fusiles y machetes, por otro 17

Para amplios sectores que no habían participado del primer peronismo, por oposición o por diferencias generacionales, después de 1955 comienza un período de acercamiento y de replanteos teóricos, ideológicos y políticos. Las relecturas del peronismo, el reconocimiento de su carácter de clase, de ser la expresión de la clase trabajadora argentina, impone posiciones que van de la integración plena a sus filas, de la formación de grupos filoperonistas o de la oposición irreductible. Católicos, trotskistas, marxistas gramscianos, nacionalistas católicos, numerosos son los desgajamientos de los sectores activos de la izquierda y la derecha que confluyen en el movimiento peronista o en organizaciones afines, y que multiplican las interpretaciones sobre el fenómeno. Sin embargo, así como el 17 de octubre es la fecha de la historia argentina contemporánea en que el pueblo salió a la calle y se manifestó contra los poderes establecidos, las nuevas generaciones producen un relevo con el 29 de mayo de 1969, conocido como el Cordobazo. Para los jóvenes, ésa será fecha emblemática del período en que el pueblo se declara en rebeldía y, en tal caso, el 17 de octubre aparecerá como su espejo en la historia. Por otra parte, el 29 de mayo permitía la reivindicación del suceso a sectores no peronistas, por su carácter pluralista amplio y su rango de unidad obrero-estudiantil, característico del encuentro entre sectores medios y populares.

El 17 de octubre toma varios caminos en los ’60, y tal vez sea el momento de mayor diversidad y desafío a la tradición, y al modo en que se había conmemorado hasta entonces. Es decir, mientras fue la fecha oficial de los dos primeros gobiernos peronistas tuvo un carácter de ornamento y calendario consolidado. Ahora, en cambio, en la medida en que el peronismo continuaba proscripto y su líder abría y cerraba complicadas líneas de diálogo y negociación con sectores políticos y sindicales, la alineación de estos sectores en relación a la fecha emblema variaba.

|Una constante existe, sin embargo, en este historia. Y es el rol de “albacea oficial” que le cupo en todas las épocas, incluso hasta el presente, a organizaciones sindicales como la CGT y las 62 Organizaciones, ésta última surgida tras el fallido Congreso Normalizador de 1957, y que dio origen al reacomodamiento del sindicalismo peronista tras la caída de Perón. Esta constante de “albacea oficial” varió poco en cuanto a los contenidos asignados al 17 de octubre, y mayormente fue la fecha en que los trabajadores, encabezados por su dirigentes, sellaron el pacto histórico con el coronel Perón. Décadas después, ya en el siglo XXI, es curioso cómo la central sindical, núcleo duro de aquel sindicalismo, aún festeja el 17 de octubre, con las tradicionales “comisiones de homenaje” al modo de los veteranos de la Guerra del Paraguay, los “amigos” de la Reconquista de Buenos Aires, como si ellos mismo, que alguna vez fueron la novedad, sostuvieran las ropas contra la inclemencia del paso del tiempo. Actos aislados, carentes de audiencia, que rebuscan en la fecha mencionada con escasa creatividad e impronta fosilizada.

En los ’60, en cambio, el despliegue y vertiginoso creciente de los sectores juveniles peronistas le imponen a cada tradición política una activa y dinámica evocación de 1945. Una obsesión de la izquierda peronista será “despegar” el 17 de octubre de la llamada “burocracia sindical”, recreando una simbología de la democracia directa y plebiscitaria de los trabajadores, inspirada en la discursividad del líder, pero vaciándola de la existencia de las pesadas estructuras sindicales que habían sido la herencia fuerte del peronismo en el sistema social y económico argentino. Contradicción no menor, perturbadora, que trajo no pocos problemas a las interpretaciones políticas de coyuntura, a la relación entre lucha armada y cúpulas sindicales, entre dirigente sindicales de base o alternativos a las direcciones perpetuadas en la CGT, casi siempre con la anuencia de Perón. Las organizaciones volcadas a la izquierda del peronismo romantizaban el 17 de octubre en relación con “el pueblo trabajador” antes que con los “sindicatos”, lo cual permitía tomar distancia de la CGT y saltear mediaciones. De todos modos, la ingerencia que iría tomando el peronismo revolucionario, la magnitud de su movilización, por ejemplo a través de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista), sectores universitarios, la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), crearía una situación extremadamente paradójica en el movimiento peronista. Una generación nueva, con amplios sectores de clases medias antes ajenos al peronismo, impulsan posiciones fuertes y desafiantes al interior del movimiento y al resto de la sociedad. No es objeto de este trabajo delinear estos alcances, pero sí señalar que hacia 1970, el 17 de octubre de 1945 era no tanto una fecha marmolada, fría, anacrónica, sino el antecedente histórico de un “nuevo y definitivo” levantamiento popular, cuya narrativa tenía, por cierto, mayor espíritu de época que el rutinario festejo de la ya tradicional CGT.

Un volante difundido en octubre de aquel año, firmado por el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), de orientación marxista claramente no peronista, se pronuncia, aunque críticamente, sobre el 17 de octubre. Sus párrafos son significativos de la importancia que cobraba la fecha en los sectores radicalizados, y el modo en que las agrupaciones revolucionarias contrarias al peronismo hacían su descargo, y reubicaban el aniversario en su cosmovisión: “El próximo sábado se cumple un nuevo aniversario del 17 de octubre, fecha en la cual la clase obrera logró imponer un gobierno popular en el país, encabezado por el Gral. Perón. Con este motivo la conducción local del Peronismo llama a un acto en un local cerrado, que en principio sería autorizado por el gobierno. Nuestro Partido, que se caracterizó por ser el único de la izquierda que entendió y tuvo una posición correcta frente al movimiento nacional peronista, quiere aclarar a los compañeros obreros y estudiantes por qué se niega a participar del mismo”. A continuación, tras una enumeración de los aspectos “positivos” y “negativos” del peronismo, se refieren a la “burocracia sindical”, y en un apartado titulado “El peronismo después del 55”, define: “Apenas triunfa la Libertadora reprime en forma indiscriminada al conjunto del movimiento obrero eliminándole conquistas, y también a la burocracia, a pesar de la actitud conciliadora de los Framini y Natalini que se creyeron lo de ‘sin vencedores ni vencidos’. Esta es la etapa heroica que reivindica la burocracia, es la época de la resistencia, cuando los Vandor, los Loholaberry, los Alonso ‘eran duros y empujaban’. Es cuando nosotros los trotskistas ‘éramos buena gente’. Esto se debía a que habíamos sido quienes iniciamos la resistencia desde las fábricas, organizándolas y eligiendo delegados e Internas combativas, cuya culminación sería la formación de las 62 Organizaciones”. Más adelante, el volante del PRT se pronuncia: “Nuestro partido luchará más que nadie como ya lo hemos dicho, por el derecho de Perón y el peronismo a intervenir en la política nacional sin ninguna traba. Pero al mismo tiempo lucharemos por independizar políticamente al movimiento obrero de la tutela llena de derrotas del Gral. Perón (...) El mejor homenaje al 17 de octubre es que la clase obrera gobierne de una vez por todas el país”

En 1970, el general Levingston, que asume el gobierno, niega una petición del partido para realizar actos públicos. Al año siguiente, el acto central es realizado en la sede del Movimiento Justicialista. Pero en 1972, bajo la presidencia del general Lanusse, los actos son prohibidos nuevamente. Sin embargo, el delegado personal de Perón, Héctor J. Cámpora, es autorizado a leer por televisión, un mensaje del líder: “He resuelto regresar al país. Lo haré a la brevedad y cuando el Comando Táctico del Movimiento me lo indique como oportuno”.


19 años después

No son cortos ni lineales los senderos recorridos entre octubre de 1972, cuando la prohibición para realizar el acto conmemorativo por parte de Lanusse se efectúa en el marco del primer regreso de Perón –finalmente concretado el 17 de noviembre-, y octubre de 1973, cuando Perón asume por tercera vez la presidencia de la Nación. En el camino quedará la campaña electoral que lleva al triunfo a la fórmula Cámpora-Solano Lima, la asunción de Cámpora el 25 de mayo en presencia de Salvador Allende y Osvaldo Dorticós, los sucesos de Ezeiza con la emboscada criminal de la Triple A y la policía a las columnas de la juventud peronista, la renuncia de Cámpora, el copamiento del gobierno por sectores nacionalistas de derecha y el apoyo de la CGT, la asunción de Raúl Lastiri, cuñado de José López Rega, y el llamado a elecciones con la habilitación de Perón y la fórmula Perón-Isabel Perón.

En 1973, el 17 de octubre es declarado por decreto “Día de la lealtad”, y se lo establece como día festivo. Aunque no se realiza un acto oficial de conmemoración, Perón asiste junto a su esposa a la competencia cíclica “Gran Premio 17 de Octubre”. Luego recibe al consejo directivo de la CGT, la mesa nacional de la “62” y a los secretarios generales de los gremios.

Los senderos que cada sector del peronismo recorre se ponen de manifiesto, trágicamente, en los modos de evocar la fecha originaria. Mientras que para el oficialismo no es momento para un acto oficial a la manera de los viejos buenos tiempos, para Montoneros, en cambio, es la ocasión de presentar una posición prácticamente en las antípodas de la que pregona el Perón recientemente regresado. Es importante repasar la encrucijada de este año, 1973, por varias razones. Es el primer 17 de octubre desde 1954 que Juan Domingo Perón está en Argentina. ¿Qué significa esto? ¿Alguien se ha detenido ha pensarlo? Un ex presidente, cuyo modo de relacionarse con las masas fue una de las características centrales de su gobierno, evita la grandilocuencia y el sesgo de aquellos tiempos, adoptando una posición magnánima, trivial: asistir a una competencia ciclística y recibir en su despacho a dirigentes sindicales. ¿No es esta una posición fuertemente desmovilizadora, habida cuenta del espesor político que le venían asignando al 17 de octubre, desde los tiempos de la resistencia, tanto el llamado peronismo revolucionario como la propia CGT? Es el Perón de “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”, pero también es un Perón que parece sustraerse al torbellino de fuerzas que se ha desatado a su alrededor, y donde la fecha 17 de octubre vale poco. Una hipótesis extrema podría hacernos pensar que la conmemoración del 17 de octubre murió ese año. Y fue Perón quien la liquidó. Al menos como la fecha en que el peronismo conmemoraba su día revolucionario. Las palabras queman, pesan. No es lo mismo decir “revolución” en 1973 que en 1945 o 1964. Por estos años, la retórica de los diputados adictos de la década del ’40 suena a leyenda atávica. ¿Quién es Spruille Braden, qué es la Unión Democrática, la Sociedad Rural Argentina? Todo aquello que, desde las relecturas de la nueva izquierda, el nacionalismo revolucionario y el trotskismo en los ’50, sindicaban al peronismo como expresión política de la clase obrera argentina, valen en la medida que permiten pensar fenómenos de larga data, la materialidad simbólica del mundo obrero, las luchas sindicales, lo cual no es poco. El problema es que, en el marco de la institucionalidad constitucional, el arribo al poder de Perón presenta una profunda disrrupción con esos enfoques. Superado el interregno de Cámpora, Perón se apoya claramente en sectores cuya política respecto del estado y las instituciones había tenido, como explica Daniel James, mucho más de integración que de resistencia, o en todo caso, la obra mayor en los años del exilio había sido recuperar y sostener una política sindical, la dirección del movimiento obrero tras el golpe de 1955. La visión de un Perón magnánimo es una burla para la juventud y las vanguardias revolucionarias. Al menos, para la serie de un tercermundismo radical. Lo que Perón construye en pocos meses, en entrevistas con Ricardo Balbín, con el consejo de políticos como Vicente Solano Lima, es un Perón que se parece más a una continuidad con el sistema de relaciones de poder que había regido en Argentina durante los años de su exilio que a una ruptura. Acuerdos de cúpulas, entendimientos de clases, reconocimientos de límites fácticos. Algo así como un Perón más cercano a la serie Frondizi, Illia, Onganía y Lanusse que al Perón vapuleado, expulsado y proscripto de los ’50. Frente a esto, ¿qué es el 17 de octubre de 1973?

Una muestra de la pérdida de frescura y la escasa poética con que se reactualiza, una retórica del puro recuerdo, de la memoria deshilachada, es el debate sobre el 17 de octubre que se da ese año en el Congreso. El diputado Lorenzo Francisco D´angelo (FREJULI), dice: “En esta rememoración debo distinguir las diferentes etapas con que los trabajadores hemos celebrado el advenimiento del 17 de octubre. A 28 años del hecho histórico, el día de hoy nos encuentra en la plenitud de nuestra alegría, porque después de casi dos décadas, los justicialistas celebramos nuevamente la fecha junto a nuestro conductor, el Gral. Perón y junto a la compañera Isabel Martinez de Perón, porque a partir de este momento se inicia en nuestra patria, surgido de la inmensa voluntad popular, el gobierno que nos llevará al definitivo destino de grandeza.  Porque el pueblo trabajador, a través del Teniente General Perón, ha vuelto a ser el artífice del porvenir de la nación. Hubo una mujer, la inolvidable compañera Evita, que ese día decisivo estuvo al lado mismo de los trabajadores, supo infundirles a todos esa profunda fe que solo su poderosa personalidad de mujer, leal compañera del líder, podía transmitir a todos los trabajadores argentinos. Y así se logró, al declinar ese día 17 de octubre, la concreción de la más pacífica revolución conocida, y no obstante, la que mejores frutos rindió a sus gestores. Fue triste y duro el largo camino recorrido desde 1955 a 1973, puesto que nada se escatimó para volver a sojuzgar a los trabajadores de nuestra patria. Y este 17 de octubre nos encuentra serenamente, como cabe a un pueblo de conciencia madura”.

Es un discurso institucionalizado, similar al de los últimos años del primer peronismo pero con el agravante de haber transcurrido más de un cuarto de siglo, y en un contexto que exige replanteos notorios, claros. El diputado Nicolás Alberto Jiménez (FREJULI) expresa: “La oligarquía vitupera y las capas medias, celosas de su status, se asustan. La clase trabajadora busca la libertad de un nuevo líder popular. Irrumpen en escena nacional dirigentes obreros de nuevo tipo y surge una revolucionaria con nombre y apellido, Eva Perón, que encabeza la movilización. Así nace históricamente el peronismo, y es el comienzo de una organización nacional y masiva de la clase trabajadora argentina. En estos últimos 18 años, el 17 de octubre fue una jornada de lucha cuando las dictaduras gorilas impedían al pueblo peronista recordar el Día de la Lealtad.”

Nada nuevo bajo el sol. El diputado Blanco (Rama gremial del FREJULI), por su parte, añade: “El 17 de octubre, enraizado en el nacimiento mismo del movimiento obrero argentino organizado, constituye el punto de partida, el año uno de liberación. A casi 30 años de aquella epopeya de liberación, los trabajadores argentinos sentimos el inmenso gozo de contemplar que hay una auténtica liberación que avanza y a cuya cabeza se coloca la Argentina.”

¿Qué es lo nuevo del 17 de octubre de 1973? Es preciso viajar a Córdoba para averiguarlo. 

Una solicitada a página entera aparece en los diarios nacionales el 20 de octubre, tres días después del único festejo multitudinario que se realiza en 1973, organizado por Montoneros en la ciudad de Córdoba . El texto está encabezado por el siguiente título: “Perón al poder. FAR y Montoneros a nuestro pueblo: Acta de la Unidad”. A continuación se cita el acta, fechada el 12 de octubre (el mismo día que asume Perón) donde las organizaciones FAR y M anuncian su “fusión”, al tiempo que realizan un balance del significado de los años de proscripción, lucha y exilio del líder. “Que nuestras organizaciones –dice en el punto primero de los “considerandos”- son producto del desarrollo y profundización de las luchas del Movimiento y del crecimiento y maduración de la conciencia de la clase trabajadora y el pueblo peronista que los llevó a adoptar nuevas formas de organización y lucha para enfrentar al Imperialismo y la Oligarquía; Que bajo el rigor  de la Dictadura Militar, el Movimiento Peronista se vio obligado a apelar a todas las formas de lucha posible: la acción armada, las explosiones insurrecionales, las huelgas y movilizaciones y la lucha electoral”. El anuncio público de la unidad de las dos organizaciones se había hecho, en efecto, en Córdoba, el 17 de octubre.

¿Cómo había sido el festejo del 17, tres días antes? El descamisado lo evoca así: “El cordobazo de la lealtad. Más de 15.000 compañeros respondieron a la convocatoria de la III Regional de JP para conmemorar el Día de la Lealtad en la ex Plaza Vélez Sarsfield de la capital cordobesa. Fue un acto peronista sólo comparable al de la campaña presidencial previa al 11 de marzo (Cámpora). No sólo concurrieron al acto al acto las columnas de la JP, JTP, UES y JUP, sino que se hizo presente la Agrupación Evita de la Rama Femenina, delegación de diversas provincias y agrupaciones barriales, gremiales y estudiantiles del peronismo”. Los oradores de fondo son Mario Eduardo Firmenich y Roberto Quieto, aunque abren la lista de oradores Obeid por la JP, María Luis Montalvo por la rama femenina y Pilar López por los obreros cordobeses. Se destacan los estribillos de las delegaciones. Los riojanos, por ejemplo, entonan: “El Chacho, Facundo, Perón pa’ todo el mundo”. Y los platenses: “La Plata, La Plata, Ciudad Eva Perón, ciudad de Montoneros para la liberación”.

El escenario está presidido por un gran cartel que reza: “Unidad y Lealtad para la Liberación”. Firmenich, al inicio de su intervención, señala: “El 17 de octubre es una fecha que define de por sí al Movimiento Peronista. En el ’45, en aquella fecha, la clase trabajadora se une a su Líder, el Gral. Perón, y se expresan mutuamente la lealtad”. Más adelante, a propósito del slogan “Unidad y Lealtad”, expresa: “Y por eso nosotros hemos decidido asumir la iniciativa y dar el ejemplo de lo que es una verdadera unidad (…) Esa lealtad de nuestras organizaciones se ha demostrado por el hecho elocuente de morir por la causa de los trabajadores. Es importante, fundamental. Pero además de eso hay que morir eficazmente, es decir, hay que lograr, y es una necesidad de la lealtad a los trabajadores, hay que lograr la eficacia en la derrota del enemigo”.

Sobrevuela el posicionamiento respecto de la asunción de Perón, aunque la mención al líder tenga un rango más cercano a la historia política que a la inmediatez de su asunción como presidente. El trasfondo es la fusión de las organizaciones armadas, de manera que Firmenich no elude la argumentación al respecto: “Porque hoy resulta que hay algunos que durante la etapa anterior estaban en contra de lo que nosotros hacíamos y que ahora explican que como éramos formaciones especiales éramos para un momento especial, que era el de la dictadura. Y que como ahora se acabó la dictadura, se acabaron las formaciones especiales. Claro. ¡Ellos dicen que lo que se justificaba antes no se justifica ahora! Pero antes también decían que no se justificaba. Entonces nosotros pensamos que hay alguna trampa en el argumento. Por lo tanto, no nos pensamos disolver”.

En otro pasaje, puntualiza: “Nosotros no debemos responderle a cada golpe con un golpe, tenemos que tener una estrategia mejor. Porque sabemos que somos mayoría y que no necesitamos únicamente de las armas para derrotarlos. Pero además también utilizaremos las armas en la medida en que insistan con sus agresiones” 

Firmenich avanza en la definición del campo donde se ubicará desde ahora la organización: “De acuerdo con lo que hemos dicho nosotros creemos que todos aquellos que conspiran contra la unidad del Peronismo es porque no son leales a la causa de los trabajadores. Tenemos que distinguir además lo que es la unidad en las bases de lo que es la unidad de grupos de dirigentes. Tenemos una enseñanza del General Perón de hace muchos años que nos ha dicho que si no podemos marchar con los dirigentes a la cabeza marchemos adelante con la cabeza de los dirigentes…”

Esta última es la frase que resuena con mayor provocación al interior del peronismo, teniendo en cuenta que en los días previos había sido asesinado José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, a manos de un grupo ligado a Montoneros. Tras la publicación en los diarios del día 20 de la solicitada con el anuncio “oficial” de la fusión de FAR y Montoneros, la respuesta del sindicalismo no se hace esperar. En una acción que resulta coordinada, en tanto aparecen solicitadas firmadas por diferentes agrupaciones gremiales, el día 22 los diarios aparecen con expresiones frontalmente contrarias a los discursos del 17 de octubre en Córdoba. “A los marxistas Quieto y Firmenich” es el título del texto firmado por las 62 Organizaciones, y donde se destaca la respuesta a una frase de Roberto Quieto que El descamisado no reproduce, y donde aparentemente habría relativizado el poder de Perón . La respuesta de la 62 dice: “Porque esos individuos han puesto en tela de juicio la jerarquía presidencial de nuestro Líder, en un burdo intento de minimizar su acción como Conductor de la Argentinidad. Porque decir, como dijeron estos señores, que el General Perón ‘como presidente sólo tiene la banda y el bastón de mando, pero no el poder político, el económico y el militar’, es un agravio ante el cual no se puede permanecer en silencio”. Más adelante, la solicitada explicita: “Sepan quienes hablan como Quieto y Firmenich que el Líder los marcó perfectamente cuando nos alertó contra los que se creen revolucionarios porque ponen bombas o tiran balazos. Durante los dieciocho años que soportó el pueblo, sojuzgado por un sistema de oprobio, fuimos los trabajadores quienes nos constituimos en vanguardia de la resistencia. Y, justamente, quienes son hoy sindicados como integrantes de una ‘burocracia sindical’ debieron soportar cárceles, persecusiones, torturas y la más violenta represión por negarse a renunciar a su condición de peronistas y a su lealtad al único Líder que reconocemos, el General Perón”

El mismo 22, otra solicitada cuyo título dice: “A la Juventud Peronista” , está firmada por la “Rama Juvenil del Movimiento Nacional Justicialista”, y responde textualmente las dos frase aludidas de Firmenich y Quieto sobre “la cabeza de los dirigentes” el primero, y sobre “la banda y el bastón de mando” de Perón el segundo. En respuesta, la “Rama Juvenil” cierra su texto con una cita de Perón del 21 de junio de ese año, es decir al día siguiente de la masacre de Ezeiza. La frase dice: “A los enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento”. 

Como si el peronismo se decontruyera, se diera vuelta y volviera sobre sus pasos, el siguiente acto decisivo de esta historia es el conmocionante acto del 1° de mayo de 1974, en que Perón “echa” a Montoneros de Plaza de Mayo . Perón muere dos meses más tarde, y asume la presidencia Isabel. Esta vez, el peronismo “oficial” convoca a Plaza de Mayo a celebrar el Día de la Lealtad. La muchedumbre reunida en Plaza de Mayo la recibe al grito de “ni yanquis, ni marxistas, peronistas”.

“La señora María Estela Martínez de Perón presidió ayer el acto central que [...] , en celebración del 29 aniversario del 17 de octubre, se realizó en la Plaza de Mayo organizado por la Confederación General del Trabajo. La jefa del estado anunció ante una multitud que la aclamó constantemente, la firma de un decreto por el cual es  convocada la denominada Gran Paritaria Nacional que integran la C.G.T. y el estado. En un momento en que se atenuaron las voces, la presidenta pidió un minuto de silencio en memoria del Teniente General Perón [...] De inmediato se difundió por los parlantes ubicados en el ámbito de la plaza de Mayo, y la radio y televisión, un fragmento del ultimo discurso que Perón pronunció en la misma plaza. Se escuchaba entonces la voz de Perón cuando dijo: ‘Deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen, les agradezco profundamente el que se hallan llegado hasta esta histórica plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí, es la palabra del pueblo argentino’.”

En 1975 se realiza un acto similar, también en Plaza de Mayo. Ya no hay posibilidad de acercar posiciones, si es que algunas la hubo, y más de un año después de la muerte de Perón, las diferencias entre la izquierda peronista, la juventud y las organizaciones armadas, por un lado, y el gobierno de Isabel con apoyo de la 62 por el otro, se hace irreconciliable. Desembozadamente se anuncia la “represión de actos terroristas”, y Plaza de Mayo y el peronismo adquieren un rango espectral, mecánico, como si quedara al desnudo la palanca sindical y la fragilidad presidencial en escena. El discurso de Isabel proclama: “Expreso solidaridad del Movimiento Nacional Justicialista, con las Fuerzas Armadas en esta lucha decidida contra la delincuencia subversiva. Sus muertos son nuestros muertos y son testimonio de que jamás traicionaremos nuestro destino. Yo, a la antipatria que se oponga, le daré con el látigo, como a los fariseos en el templo”. 

“Las 62 organizaciones –dice el diario La Nación-, al terminar el acto en la Plaza de Mayo, emitió una declaración en cuya primera parte felicita a los trabajadores por la disciplina y el fervor puesto de manifiesto en él [...] En la Avenida 9 de Julio, principalmente, estacionáronse los camiones y los ómnibus que llegaron con manifestantes y estos fueron hasta la plaza de Mayo por las diagonales, norte y sur, y por la Avenida de Mayo, sectores estos donde personal policial palpó de armas a todos los concurrentes, revisó carteras, envoltorios y hasta los paquetes de cigarrillos en previsión de ocultamiento de explosivos.”

“Una enorme bandera argentina –dice La Razón - cubría el sector de la plaza que da sobre la calle Balcarce ostentando la inscripción: ‘1945- Día de la Lealtad, reafirmación y Fe Peronista –1975’. Por otra parte, las paredes del banco de la Nación y del ministerio de Bienestar Social ofrecían el testimonio de la adhesión de sindicatos con afiches que señalaban su apoyo a la jefa del estado [...]. Siendo las 15.15 en la intersección de la Avenida Paseo Colón y la calle Moreno se produjo un incidente entre miembros de la policía federal y miembros de la custodia personal del secretario General de la C.G.T., señor Casildo Herrera, debido a las armas que portaban los guardaespaldas del titular de la central obrera. Luego de unas explicaciones el problema quedó superado.”

Tras la muerte de Perón, en 1974 y 1975 se iniciaba otra serie sobre el 17 de octubre. En este caso ya no era la “Unidad y Lealtad para la liberación” de Córdoba, sino la más pura alianza entre Isabel y los sindicatos, algo así como el grado cero del peronismo, pero sin Perón.

La noche del silencio

Durante 1976 y 1977 el 17 de Octubre cae en el olvido, sepultado en el más inhóspito archivo. La dictadura militar oscurece el país con represión, asesinatos, torturas y desapariciones. Un ambiente que, claro está, no permite celebraciones, y menos aún las relacionadas con el peronismo. Alguna recordación con ofrendas florales, grupos de dirigentes que pretendían mantener viva la llama de la evocación mediante comunicados, avisos o publicaciones en diarios, son los mínimos indicios. En 1979, el régimen militar prohíbe la realización de una conferencia y posterior cena, organizada por la comisión de homenaje a Perón. Solo se permite un encuentro de dirigentes peronistas, entre ellos presentes Ítalo Luder, Deolindo Bittel, Vicente Saadi, Eduardo Vaca y Julio Bárbaro. En 1980, la Policía Federal impide la realización de un homenaje organizado en el cementerio de Chacarita, frente a la tumba de Perón. La CGT organiza para 1981 un acto, conjuntamente con el Consejo Nacional Justicialista, el cual es vedado nuevamente por el gobierno de facto. En su lugar se intenta realizar otro en las inmediaciones de la sede de la CGT que es brutalmente reprimido.

A comienzos de los años ’50, al reequiparse las Fuerzas Armadas con abundantes elementos bélicos, el gobierno adquiere para la Flota de Mar dos grandes cruceros ligeros de origen estadounidense, de la misma clase, veteranos de la segunda guerra. Por decisión oficial, son bautizados uno como ARA 9 de Julio y el ARA 17 de Octubre. En 1955, ambas embarcaciones jugaron un rol central contra Perón en el golpe que lo derrocó, ya que la Armada era fervorosamente opositora. Tras la Revolución Libertadora, éste último es rebautizado como ARA General Belgrano, manteniendo el mismo nombre hasta 1982, en que forma parte de la flota naval que marcha al Atlántico Sur en la Guerra de Malvinas. El ARA General Belgrano, ex ARA 17 de Octubre, sucumbe en aguas australes en pleno conflicto con los ingleses, siendo uno de las batallas más dolorosas, en número de víctimas, que arrojó el conflicto bélico (Ravina, 2004).

En 1982 se lleva a cabo un acto en el estadio del Club Atlanta, al cual asisten más de 30.000 personas. Hablan Deolindo Bittel, Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, y parece volver a convertirse en un evento de fuerte incidencia política en los estertores finales del régimen de facto, tras la guerra de las Malvinas y con la apertura democrática. El inminente regreso a la institucionalidad democrática tiene significados diversos. Representa, por un lado, la expresión de la continuidad histórica del movimiento peronista, y factor aglutinante ante una etapa distinta a la esperada: el peronismo no pudo ser gobierno y debe asumir el rol de la oposición. En igual sentido, la resonancia gremial de la fecha se resignifica como expresión defensiva de lo que denominan sus conquistas y ofensiva ante el nuevo oficialismo.


Muerte y resurrección

Cualquier persona podría dar cuenta, con su testimonio, que la vida no transcurre de manera congelada. Aunque existan constantes, rasgos comunes, nadie es completamente igual de una semana a la otra. Pero sobre todas las cosas hay experiencias que se convierten en momentos bisagra, cortes, en un antes y después. ¿Es posible pensar las ligazones entre los años previos y la dictadura militar del Proceso de Reorganización Nacional como continuidad? No. Tanto en su modalidad económica como en su política represiva, los años de la dictadura cierran un ciclo histórico. La matanza es, una vez más en la historia argentina, la forma en que clases dominantes resuelven las tensiones sociales, y todo lo posterior, incluso la retirada abrupta tras la fallida guerra de Malvinas, augura un nuevo regreso a la institucionalidad imbricado con un tendal económico y social. Los partidos políticos no son lo que eran una década atrás, y los intentos por fundar un sistema político autónomo con capacidad de negociación frente a los poderes establecidos navega en la espesura de lo real y contundente de éstos poderes ya constituidos previamente. La política será otra cosa a partir de 1983, y la paradoja es que, en el momento en que mayor relevancia de los partidos podía esperarse en cuanto al modelo escogido, menor es la capacidad de pulsar como correas de transmisión, como espacios de mediación de intereses, de articulación de demandas.

El 17 de octubre de 1945 no requiere anuncios sobre su carácter disruptivo, su perfil de corte en la historia argentina. Quienes en su momento no lo vieron erraron sus apuestas restauradoras, y quienes creyeron que todo residía en una suerte de perpetuación del acontecimiento tal vez subestimaron la posibilidad de entablar un diálogo distinto con quienes se oponían. Lo cierto es que a la creciente personalización del gobierno peronista, se le respondió con un fanatismo que encontró en la venganza el método para recuperar posiciones supuestamente perdidas. Lo que nunca fue adjudicable al peronismo es la imposibilidad de las fuerzas opositoras de articular un frente democrático que lo derrotara en su ley. Al menos durante largo tiempo. Las querellas de la oposición eran múltiples, tantas como lo que va de un extremo al otro del arco social, político y económico. Pero cada querella, enmascarada en argumentos de índole cultural, remitía a concepciones de la sociedad muy diferenciadas. Nunca fue la misma la inquina del viejo Partido Socialista con Perón como el resentimiento de clase despertado en sectores oligárquicos y de la alta burguesía, como tampoco las diferencias con las izquierdas revolucionarias tuvieron vínculos visibles con las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica. Sin embargo, unos y otros operaron en lo táctico poniéndose en contra de Perón, como si la oposición al líder resolviera por sí sola las contradicciones que cada sector expresaba. Cuando el régimen adquirió visos claros de autoritarismo, fueron los poderes fácticos de la sociedad quienes se ocuparon de derribarlo, y los sectores políticos hicieron la venia mansamente. Lo difícil de interpretar del peronismo fue, siempre, el rango latinoamericano de la aplicación de políticas de bienestar, esto es, el avance de la intervención estatal en las relaciones entre economía y sociedad, de la mano de un liderazgo político ejercido por un caudillo militar, con un inédito y fuerte apoyo sindical. Intervención que, por otra parte, habían inaugurado los gobiernos conservadores de la década del ’30 frente al colapso del modelo agroexportador que había sostenido el sistema desde mediados del siglo XIX. El juego democrático tal como se lo conoce en Argentina desde 1983 no parecía un bien apreciable por la sociedad argentina, al menos desde 1930. La coyuntura política que va de 1943 a 1945 solicita enfoques heterodoxos dado que la complejidad de lo real lo reclama. ¿Cuándo se produce la irrupción militar de 1943 se vivía en la Argentina un período floreciente de institucionalidad democrática? El aval que la Corte Suprema de Justicia diera pocos días después del golpe de estado que desalojó al caudillo radical Hipólito Yrigoyen el 6 de setiembre de 1930 fue un mal precedente institucional. En el otro extremo de la historia de los gobiernos peronistas, el desprecio con que se consideró la convocatoria a elecciones generales de senadores, diputados y gobernadores realizada por la presidente Isabel Martínez de Perón en diciembre de 1975. La fecha señalada era, irónicamente, el 17 de octubre de 1976. Es decir, se creyera o no en el llamado a elecciones, la carta de la institucionalidad fue evaluada por ese gobierno y es seguro que también por la amplia mayoría de los sectores. Sin embargo, las apuestas políticas favorecieron el relevo mediante un nuevo golpe de estado, que por cierto tendría pocas semejanzas con el período militar anterior y, en cambio, desataría una masacre. Pero a la falta de apego a las instituciones los argentinos hemos adjuntado, con el tiempo, una creencia ingenua en la autonomía de la política. Por un lado se bastardea la regla y, por el otro, se la añora. Lo cierto es que quien sufrió la proscripción como dato central de la política argentina, en pleno siglo XX, fue el peronismo. Es decir, el partido que emprendió la más vasta reforma social contemporánea fue raleado de la política entre 1955 y 1973.


1983-1987

Entre 1983 y 1989, los actos del 17 de Octubre reflejan también las divisiones internas, tanto del partido Justicialista como de los alineamientos sindicales. Lorenzo Miguel, Deolindo Bittel, Vicente Saadi, Antonio Cafiero, Saúl Ubaldini, Jorge Triaca y Carlos Menem protagonizaron encuentros y desencuentros hasta culminar con el retorno al poder en las elecciones de 1989. Los festejos de 1983 se realizaron en un contexto de campaña proselitista. En el estadio de Vélez Sarfield se aclama la fórmula Lúder-Bittel. Este festejo unificado del “Día de la Lealtad” vuelve a desintegrarse al año siguiente, en el que se realizan tres reuniones diferentes: una en la cancha de Atlanta, convocada por el “Peronismo para la Victoria”, donde Saúl Ubaldini saluda a la multitud de trabajadores que asisten, el segundo, no tan multitudinario, en el estadio de Platense y, finalmente, el tradicional de Olaza Once, organizado por la Juventud Peronista. En 1985, el Partido Justicialista y la CGT se unen para poner en marcha la organización de los festejos, que se llevan adelante en la ciudad de Mendoza, con la asistencia de casi 10.000 personas. Mientras tanto, en la ciudad de Buenos Aires, en un palco de Plaza Once saludan Antonio Cafiero, el dirigente gremial José Rodríguez, Patricia Bullrich y el entonces intendente de Lomas de Zamora, Eduardo Duhalde. La celebración realizada durante 1986 tiene como objetivo la protesta por el nuevo plan económico inaugurado por el presidente Alfonsín. En los festejos de la ciudad de Neuquén, Ubaldini expresa ante 7.000 personas que “En 1945 la opción era Braden o Perón, ahora es el pueblo o el Fondo Monetario Internacional. Durante la conmemoración del 17 de Octubre, en 1987, Ubaldini vuelve a expresarse: “Los trabajadores no soportamos más el plan de entrega y decadencia”. Estas palabras dejan oír su eco en la sede central de la CGT, en la calle Azopardo 802, de Capital Federal. 


1988

Para 1988 la festividad se ve imbuida por la campaña electoral de Carlos Saúl Menem. Como es de esperar, debido al fanatismo del futuro presidente por el club, el acto principal se realiza en el estadio de River Plate, ante 75.000 personas. Frente a la multitud, Menem aclama: “Perón nos enseñó que la opción no es democracia o fascismo, sino justicia social o injusticia social, como sucede ahora”. Lo acompañan su esposa Zulema Yoma, el gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde junto a su esposa, Hilda “Chiche” de Duhalde, Antonio Cafiero y el dirigente del sindicato gastronómico, Luis Barrionuevo.

“La actuación de estos grupos –dice La Nación- junto con los fuegos de artificio, los golpes de bombo y los recursos de iluminación utilizados –entre los que se destacó un equipo láser que dibujó sobre las tribunas las palabras ‘Menem Presidente’- convirtieron al encuentro en  una curiosa mezcla de acto político, show y concierto musical. En su conjunto, por las exaltaciones de los locutores, el acto fue recreado bajo una consigna totalizadora ‘Perón, Evita, Menem y la patria’. Por esas exhortaciones y por el carácter de las canciones fue notorio el esfuerzo de los organizadores por identificar la figura de Menem con caudillos de nuestra historia, entre ellos, Juan Manuel de Rosas (…) Cafiero, en un breve discurso al iniciar la lista de oradores afirmó que: ‘hoy nuestro pacto no es con el Jefe muerto, sino para que digamos a las nuevas generaciones que todavía hay una etapa por cumplir y para hacer la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación (…) Entre luces láser y un espectacular show digno de una campaña electoral norteamericana, el gremialismo peronista celebró un nuevo 17 de octubre en un acto caracterizado por una recurrente pregunta que llenó, a tono con el numero de asistentes, el estadio de River Plate: ¿Dónde estuvo el dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel? El matiz gremial predominante ayer en el estadio [...] era ortodoxo y fundamentalmente es nucleado en el grupo de los 15 al que se sumaron afiliados al sindicato del ubaldinismo y ninguna presencia de organizaciones sindicales renovadoras”.

“El candidato presidencial peronista –dijo Clarín, por su parte- enunció los ejes de su propuesta de gobierno poniendo especial énfasis en la reconciliación de los argentinos, la unión nacional y latinoamericana y la revolución productiva. Exhortó a las fuerzas armadas a participar del proyecto de liberación custodiando la soberanía nacional e insistió en su propuesta del salariazo puntualizando que ‘algunos se asustan cuando pensamos devolver al salario sus niveles históricos pero disponen todos los días tarifazos que empobrecen cada día más a los trabajadores’. Ubaldini opinó que Menem es el candidato de la paz y del amor y el gobernador riojano dijo que la C.G.T. , por más que no le guste a muchos, nació, es y será peronista.”


La fecha histórica

“Después de Luder candidato de lujo, del herminismo, la renovación modernizante de Menem, Cafiero, Manzano y Grosso, el menemismo con Dromi, María Julia y Cavallo, el fracaso frepasista, un alumno de esos que se sientan bien al fondo del curso de historia política a punto de concluir el cuatrimestre, levantó la mano y dijo: Perdón, yo soy peronista de los setenta. ¿Se acuerdan?”.

Nicolás Casullo, Pensar entre épocas

¿Es posible la política argentina sin el peronismo? ¿Qué sectores anhelan que el peronismo se agote? ¿En nombre de qué programa o metodología mantendrá su vigencia? Recién en 1983, a casi cuarenta año de existencia, fue derrotado en su ley: por los votos. El movimiento político prohibido de la Argentina contemporánea recién cayó aquel año, cuando parecía que una tenue primavera, surgida del horror, limpiaba la vista. En términos electorales, lo mismo sucedió en 1985, 1997 y 1999. Nunca nada es igual, y hasta es discutible hasta dónde no fueron esas “derrotas” precios que el peronismo pagó por descuidar su implacable relación con las mayorías populares, y hasta dónde no fueron sus adversarios circunstanciales los que asumieron posiciones que le disputaban su tradición. Muchos sectores, entusiasmados en presagiar rupturas, se reencuentran periódicamente con la continuidad: hay peronismo para rato, parece decir la realidad inmediata. Lo cierto es que enfrentado al ejercicio del poder sin interrupciones como nunca antes en la historia argentina, el peronismo mostrará en algún momento signos de agotamiento. Pero llegado ese momento, es posible que los viejos anhelos gorilas hayan fenecido antes.

La experiencia a favor de pensar el peronismo y la inestabilidad política argentina como algo resoluble aconseja dejar de acusar al peronismo de tentativas hegemónicas y autoritarias que los otros han perpetrado antes con mayor esmero y criminalidad, para discutir, en cambio, cuál es el modelo social y económico que cada partido, sector o confederación expresa, incluso al interior o a través del peronismo. En tal sentido, el peronismo es hoy, a comienzos del siglo XXI y a sesenta años de su jornada histórica, un máscara política tras la cual se lucha por la dirección política. Ya no es, como tal vez pudo ser entre el exilio de Perón y su regreso al poder en 1973, la ilusión, el deseo de que esa dirección sea encarnada por el propio Perón. Perón no está y, por otra parte, hasta es discutible que Perón auspiciara tantas direcciones, sobre todo en los últimos meses de vida, replegado a un soliloquio palaciego, y con claros gesto de rechazo a las opciones radicalizadas que latían en su movimiento. Sin embargo, Perón auspició diversas corrientes: potenció y ensanchó las bases, los afluentes, los apoyos, las interpelaciones. Multiplicó su influencia cuando fue el espectro del derrocado, y mayor fue su poder cuando fue, dispuesto a regresar, movía los hilos desde Madrid. Hoy, esa lucha por el reconocimiento de la ortodoxia o la heterodoxia no tiene instancia de apelación. No hay Perón que resuelva las contradicciones, que salde “la interna”. No hay cadáver arrojado sobre una mesa que baste para inclinar balanza alguna, hacer bajar un martillo, levantar un pulgar, sea cual fuere la metáfora que remita a la aprobación de una instancia superior. No hay Comando Superior Peronista. No hay Congreso Extraordinario ni delegados personales ni interlocutores válidos.

El 17 de octubre también puede pensarse hoy como una fecha agonizante, moribunda, herida de muerte en una alguna mala noche de los ’70 donde dos emblemas se batieron a duelo al grito de ¡Viva Perón! Una “memoria nacional ya sin dueño partidario”, sugiere Casullo en su libro Pensar entre épocas, en cuanto a lo que expresa en la historia argentina como irrupción popular, como apronte de fuerzas en la defensa de posiciones sociales. Pero la Argentina desvastada de hoy no permite ver en el peronismo más que un ciclo cumplido. Frente a la pregunta por la estabilidad política, el peronismo es hoy aquello que no fue antes: la estabilidad política. Es decir, el peronismo toma hoy posiciones que rehuía en el pasado. El peronismo son los despojos, los trapos viejos, las ruinas de un suburbio en La Matanza o Avellaneda, donde una vez hubo barrios populares y chimeneas humeantes. Y los sindicatos peronistas son, también, quienes ostentan la representación del sector formal del mercado de trabajo. Y las gobernaciones peronistas son aceitadas máquinas políticas que aseguran, llave en mano, la gobernabilidad federal. ¿Existe el político, la política,  que renunciaría a que la “máquina” juegue de su lado? ¿Podría ocupar el lugar, los lugares del peronismo, otra fuerza política, un partido de trabajadores a la brasileña, un laborismo a la inglesa? La Plaza de Mayo tomada por una izquierda de raigambre marxista pero crecientemente populista, es una plaza de la que el peronismo se sustrajo. La Plaza de Mayo en apoyo de Duhalde que no pudo ser, la No Plaza como la llama Casullo, porque la “opinión pública” desaconsejaba “llenar” la plaza abonando desembozadamente 30 pesos per capita en aquel inolvidable verano 2002, está asediada por una izquierda que le ha hincado el diente a la urdiembre populista y ya no mira con asco al pueblo de a pie. El histórico peronista exclama: “Nosotros somos los negros”, y la izquierda de la última hora le responde: “Nosotros somos más negros que ustedes”. Una izquierda que, por primera vez, le pelea al peronismo en su propio territorio. En lo que ha quedado de ese mundo perdido para siempre.

 

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Fuentes


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